Sebastiao Ribeiro Salgado nació en Brasil en 1944. Único hombre entre siete hermanas, creció en una finca, rodeado de naturaleza y ganado. Los largos recorridos a caballo con su padre despertaron en él la curiosidad por viajar y descubrir lo que ocultaban las montañas de su Aimorés natal.

Exilio en París

En 1969 se exilió con Leila su esposa en Paris. Huyeron de la dictadura miliar. En París, Salgado se doctoró en Economía. En 1971 se traslada a Londres, donde trabaja para la organización Internacional del Café. A los 30 años da un giro radical a su vida: abandona su profesión para dedicarse a la fotografía. Salgado es un autodidacta. Viajaba siempre con una cámara de fotos en la maleta, su clásica Pentax 645.

Martin Molina
Sebastiao Salgado

“Descubrí la fotografía por casualidad. Mi esposa es arquitecta. Cuando éramos jóvenes y vivíamos en París, se compró una cámara para tomar fotos de edificios. Por primera vez miré a través de una lente, y la fotografía de inmediato comenzó a invadir mi vida”.

La música y la fotografía no necesitan traducción.

Las imágenes de Salgado están llenas de una riqueza compositiva. Su estética está formada por texturas y dramatismo. Para este artista lo importante no radica en si la cámara es analógica o digital: todo es instinto, emoción, disposición para capturar. Se define como un contador de historias. En su obra hay un gran respeto por lo fotografiado. La miseria para este humanista, es la falta de dignidad.
Ha viajado a más de 100 países pero reconoce que el viaje más especial que ha emprendido ha sido el de sus adentros. Cree en la teoría de las especies, en la ley universal de las cosas y la evolución. Sufre la deforestación, la contaminación de los océanos y la extinción animal. En su empeño por ver reverdecer la finca que heredó de sus padres creó con su esposa el Instituto Terra. Ha plantado allí cerca de dos millones de árboles. Es aquí donde nace la semilla de su serie fotográfica Génesis.

Martín Molina
Del libro Génesis

La vida en color que retrata en blanco y negro.

A Salgado le gusta jugar con las variables que le da la cámara, solucionar problemas de luz y de composición. Prefiere la fotografía en blanco y negro porque le permite centrarse en lo que quiere transmitir de las personas o de los paisajes. A través del visor, ve la vida en gamas de grises. Sus fotografías no son otra cosa que lo que ha vivido. Sus descubrimientos, placeres y el privilegio de ser testigo de momentos históricos.
Cuando emprende un trabajo fotográfico, busca historias compatibles con su forma de pensar, con su ética e ideología. Aconseja a quienes se inician en este arte que estudien un poco más de antropología, de arte, de sociología. Piensa que si el fotógrafo se siente parte de la historia que quiere contar, será más capaz de conectar con el mundo que retrata y transmitirlo.

La relación de Salgado con la tecnología

Trabaja con cámaras digitales, pero no sabe editar en pantalla. Sigue haciendo contactos, edita con lupa, hace copias de lectura y al final del proceso, produce un negativo de 4×5 pulgadas. Tardó 3 años hasta llegar a un negativo de altísima calidad. Aunque cuenta con personal de laboratorio, se implica en el revelado. La parte técnica es fundamental para él, nunca sale una imagen sin su aprobación final.

El legado de este fotógrafo además apreciarse en libros como Génesis, Éxodos y La mina de oro de Serra Pelada. También puede verse en el documental La Sal de la Tierra, que narra el viaje de Salgado por los cuatro continentes. Ahí está su pasión por la naturaleza y por el retorno por lo espiritual. “El placer de transmitir emociones sentidas –asegura- no tiene límite”.

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