Cien años después de su muerte, la reproducción masiva de la obra de Gustav Klimt (1862– 1918) se extiende en paraguas, en imanes de frigorífico, en llaveros y hasta en pañuelos. El niño pobre nacido en Viena e hijo de inmigrante, está en el top 10 de los artistas que han batido récord en ventas, entre los cuales también se encuentran Giacometti, Munch, Picasso y Leonardo da Vinci. Inalterable en el tiempo, así es la huella de este pintor que hizo del erotismo y la provocación, su principal rasgo.

Exuberancia sexual en los dibujos de Klimt

Tragedia y ruptura

Con 14 años ganó una beca e ingresó en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. A sus 16 años fundó “La Compañía de Artistas”, con su hermano Ernst y su amigo Franz Matsch. Decoró por encargo los principales museos, teatros y edificios de la época. La muerte de su padre y de su hermano le provoca una profunda crisis interior. Rompe con su estilo clásico y académico. Encuentra en la mujer y en los colores dorados los nuevos elementos de su estilo. Klimt se convirtió en un artista célebre, popular y polémico. Fue censurado y alabado. Los nazis quemaron algunas de sus pinturas en 1945.

Judith. Gustav Klimt

La influencia de San Marcos

Su padre era orfebre. El brillo del oro era familiar para Klimt. Pero fue el resplandor de los mosaicos de la Basílica de San Marcos, en Venecia, el que hizo que incorporara las láminas y el pan de oro en su obra. A diferencia de sus contemporáneos, no la utilizó para temas religiosos, sino para adornar en el lienzo a mujeres desnudas, por lo que fue tildado de pornográfico y blasfemo. En sus pinturas la figura femenina se muestra grande, sexual y poderosa, onírica e hipnótica.

“Quien quiera saber algo sobre mí, debe observar cuidadosamente mis obras”, afirmaba este refinado y reservado maestro de la ornamentación. No tenía otra pretensión que la de pintar cada día. Vivió de forma humilde. Huyó de los círculos de artistas. Su aportación al modernismo, la viveza de los colores en sus pinturas y su ecléctico espíritu creativo, lo han convertido en invitado de honor en los principales museos, en referente de la moda contemporánea y en protagonista de películas de cine. Es, quizá, uno de los pintores más populares.

Gustav Klimt

Klimt: modernismo y decoración

Gustav Klimt rompe la barrera entre las artes decorativas y las bellas artes. El Friso de Beethoven, el retrato de Adele Bloch-Bauer I, llamado por muchos la Mona Lisa de Austria, y El beso, son algunas de las obras más conocidas de su “Edad Dorada”. Admiraba a Durero y a Rodin. Personalmente se consideraba un hombre poco interesante, a pesar de su fama de seductor. Su universo es libertario y luminoso, en una Europa eufórica, que se mueve a ritmo vertiginoso para desembocar en la tragedia de la Primera Guerra Mundial. Sus últimos años de vida coinciden con el conflicto. Murió en Viena, en febrero de 1918, de un infarto. La mayor parte de su obra se exhibe en la colección permanente del Belvedere Museum de Viena.

Retrato de Emilie Floge

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