No siempre se llega a la fotografía por el mismo camino. Brassai la descubrió con más de 30 años de edad. Antes había sido escultor, pintor, dibujante, escritor. Sobre todo, había sido paseante. Su necesidad de expresar la belleza del Paris nocturno de los años 30, llevó a este inquieto y modesto periodista a descubrir la fotografía y capturar con la cámara, las imágenes que acompañarían sus letras. Las imágenes poblaban su mente. La fotografía le brindó la forma de hacerlas eternas.

“La noche sugiere, no enseña. La noche nos encuentra y nos sorprende por su extrañeza; ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón.” -Brassaï.

La noche fue sin duda la gran musa de su obra, su inspiración. Las vías del tren, los amantes, la neblina, los carteles, el ballet y los cabarets. Todo es digno de retratar para quien sabe mirar y ese es sin duda uno de los méritos de Brassai: plasmar lo cotidiano, rescatar lo mágico, la lírica, el misterio de la vida común, y hacerlo con elegancia, convertir lo aparentemente trivial en una obra de arte. Hacer resplandecer la oscuridad.

Entre la élite y la diversión popular

Gyula Halász eligió el seudónimo de Brassaï por su lugar de origen, en Brasso, Hungría. Además de los paisajes urbanos y los ambientes de los cafés parisinos retrató entre otros grandes de su época a Salvador Dalí, Pablo Picasso, Henri Matisse, Alberto Giacometti, Jean Genet y Henri Michaux con quienes mantuvo amistad. Pero no solo la élite llamó su atención. Este paseante nocturno también puso su foco en la mujer detrás de la prostituta, en el hombre detrás del mendigo, en la naturalidad de un cuerpo desnudo. En la seductora geometría que trazan las luces y las sombras cuando todos duermen.

De la pintura a la fotografía

Brassaï con Pablo Picasso

El legado de Brassai puede contemplarse en diferentes formatos. Su exploración con el arte lo llevó desde la pintura, hasta la concepción de una veintena de libros escritos y una película ganadora del premio al film más original en el Festival de Cannes de 1956. Autodidacta en la fotografía, este “modesto reportero” cambió la concepción de la que hasta entonces era la cenicienta de las artes: la fotografía artística. Su obra es parte indispensable de la cultura visual y poética que se genera en el París de entreguerras.

A partir del 31 de mayo en la sala Fundación MAPFRE del Paseo de Recoletos, los visitantes podrán ver la trayectoria de Brassai en la muestra que reúne su trabajo durante la década de 1930. Esta es la primera exposición retrospectiva del artista que se abre en España desde 1993 y en la que han colaborado relevantes museos de Francia y Estados Unidos, así como la revista de vanguardia Minotaure y el legado del artista en Paris (Estate Brassai Succession). Con una dirección magistral de la luz y un alto contraste en su fotografía, Brassai crea universos urbanos en los que ningún escenario parece sórdido. Traslada al espectador a un Paris surrealista que encuentra en la noche una manera de redescubrir la vida. Para Brassai “solo las imágenes poderosamente concebidas, tienen la capacidad de penetrar en la memoria”. Y es en la memoria de los visitantes a esta muestra, donde sin duda alguna quedará fijada la obra de este inigualable artista.

2 Comentarios

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