Uno de los libros más interesantes para la vida empresarial, de los que se han publicado este año, es “Creatividad S.A.”, escrito por Ed Catmull, líder de Pixar, la productora audiovisual que ha revolucionado el mundo de la animación. Catmull narra la experiencia de Pixar, sus éxitos y sobre todo sus dificultades, las crestas y los valles. Lo importante no está en los éxitos de taquilla de sus películas, sino en la gestión interna de la compañía, en la forma de organizar unos equipos para que la inspiración no se ahogara en reuniones interminables, esquemas rígidos de jerarquía, departamentos burbuja y competencia entre secciones y profesionales. Gestionar el talento para que todos sumen es una de las tareas más difíciles de la empresa.
Las más de trescientas páginas del libro son el relato de cómo se consigue que una organización compleja sea capaz de obtener lo mejor de cada uno de sus empleados, de cómo se organizan las relaciones para que todos contribuyan a un bien común. Una de las ideas más importantes de la experiencia de Catmull es que la comunicación interna no debe ser el reflejo de la jerarquía. La comunicación debe fluir, y a veces las buenas ideas para solucionar los problemas vienen de unidades o personas que están alejadas del centro de esas cuestiones.
Si no se consigue que las personas de una organización se sientan libres para sugerir ideas, todos salen perdiendo. Existen muchas razones para que la gente no sea franca y sincera en su entorno laboral. La tarea de los directivos consiste en averiguar esas razones y neutralizarlas. Y una más: si se dice más la verdad en los pasillos que en las reuniones, la empresa tiene un serio problema.

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