El proceso del Brexit, la  negociación entre el Gobierno británico y las Instituciones Europeas en relación con la salida del Reino Unido de la UE,  está en un punto muy avanzado. Existe un principio de acuerdo respecto a uno de las cuestiones claves: la pregunta de cuánto le va a costar a los británicos abandonar la Unión. Esta cuestión, que no es baladí en la medida en que era la premisa para poder continuar determinando el resto de los elementos de la negociación, permite aventurar que el proceso de toma y daca empieza a tener un punto de partida común.

Ahora faltan por determinar otros elementos muy relevantes, como son los derechos de los comunitarios en el Reino Unido, y a sensu contrario, el de los británicos que trabajan y viven en los países de la UE –España es uno de los receptores más importantes de británicos que ostentan la calidad de residentes permanentes, ya que se cifra en alrededor de 800.000 los que cohabitan con nosotros en nuestras tierras-.

La realidad es que, en lo que atañe a España, las oportunidades no van a hacer más que aumentar respecto al vecino país atlántico. La balanza comercial entre el Reino Unido y España alcanzó un superávit en 2016 superior a los 8.000 millones de Euros a favor de nuestro país. Y ya no sólo se trata de servicios financieros de entidades bancarias radicadas en las Islas Británicas, ni empresas de generación de energía, sino que a esa cuenta de resultados aportan y mucho las PYMES que ya han empezado a detectar la oportunidad que representa un mercado tan dinámico como el del Reino Unido, y que es fruto de la comprensión de la importancia que tiene el haber aprendido a “aclimatarse” a la cultura y a las condiciones empresariales de aquel país.

Sólo un ejemplo, Gran Bretaña es un país donde las referencias cuentan todo, si usted quiere encontrar un trabajo, lo importante son las cartas que pueda aportar recomendándole, con independencia de que se trate de llegar a ser partner en una firma de abogados, o simplemente empleada doméstica. La transparencia en el mundo laboral es básica y la falta de honestidad se paga cara. Por esta razón, el primer consejo que se puede dar a un empresario que esté ponderando la oportunidad de explorar el mercado británico es que estudie y se asesore oportunamente respecto a la competencia interior, y a los canales de distribución –que tienen una fuerza extraordinaria en aquel país-. No basta hablar inglés y alquilar un local u oficina en Londres, Manchester o Liverpool, hay que empaparse del elemento local, y conviene la búsqueda de un socio local solvente que permita acceder a cuestiones que para un español quedan más restringidas, ya sea por las condiciones de los pliegos de contratación, o simplemente por las circunstancias propias del sector en concreto. No es lo mismo una empresa de productos farmacéuticos u hospitalarios, que una empresa constructora o una familiar que quiera emprender un proyecto en el ámbito hostelero o de la restauración.

Por ello, el consejo que desde Martín Molina damos a nuestros clientes, es asesorarse oportunamente, desde plataformas solventes y acreditadas, y que sepan acompañar en el lanzamiento del proyecto, en el ámbito legal y mercantil, y en la elección de los partners locales. Por eso contamos con profesionales asociados en el Reino Unido con experiencia acreditada, y partiendo de un punto de salida fundamental: crecer juntos, es decir, compartir el riesgo y participar en el negocio, de manera que la implicación sea máxima desde el primer momento. Una divisa de esta firma de consultoría.